
«Allí está de nuevo, manchándose el vestido por tonterías»
Ella y el millón de maldiciones atorados en un nudo ciego bajo su garganta.
Ella y sus lágrimas traicioneras corriendo entre sus mejillas, aterrizando en sus labios.
Ella y el amargo sabor de una ruptura. Lo salado de sus consecuencias. Lo agridulce de los recuerdos.
Y la muerte del tiempo y las promesas, la pequeña nota sobre la repisa. Un pañuelo y una carta.
Sus memorias, sus recuerdos.
Y sentimientos que no se puede arrancar aún, sonrisas que no son sinceras, máscaras de porcelana ocultas bajo el brazo.
Un agujero negro del que no hay salida. Millones de razones para no vivir hoy, billones para seguir adelante.
Puedo nombrar más de veinte entre las millones.
No se me ocurre ninguna del billón por ahora.
Yo no llevo la cuenta de mis lágrimas, no quiero pensar en esos momentos.
Mi deseo interior no es tenerte de vuelta.
Mi deseo es ser feliz y arrancarme esta pena. Esta amargura. Esta culpa.
Mi espejo me enseña. Mi reflejo me abraza. Mi voz se quiebra, me llueven los lamentos.
Yo quiero soñar, reír, vivir. Bailar.
Quiero olvidar.