
Y mi bailarina de cristal, que perdió a su soldado...
Buenas noches pequeña Annie, ¿qué tienes para contar hoy? La cajita musical suena después de 15 vueltas, dulce y lentamente para sentir que se escurre entre tus dedos la melodía, te embriaga su ritmo, y aunque no puedas verla, solo fijas la mirada en la bailarina de plástico que gira, gira sin parar.
Eso te hace pensar. Una vuelta significa una lágrima. Dos vueltas y van dos. Tres y son seis.
La bailarina de la caja solo gira y gira.
Yo giro con ella.Vamos, no hagas drama. Si la bailarina gira y gira, aún conserva la sonrisa en la cara. ¿Por qué tienes que ponerte a llorar, Annie? ¿Por qué?
¿Atención? No, nadie te observa. ¿Tristeza? Quizás estas triste pero deberías aguantar un poco más.
¿Dolor? Si, algo de eso. Sin embargo no hay herida sin cura, o al menos eso nos gusta creer.
Vamos, por favor. Calma esas lágrimas y aprende a sonreír. Para que exista un mañana, donde las cosas se mejoren, deje de sangrar tu pecho. Te levantes con una sonrisa en la cara.
Tu bailarina gira, gira al mismo tiempo de siempre. Gira para que la veas, gira para demostrarte que en todo ángulo se puede sonreír.
El frío se cuela por tu ventana, se te eriza la piel de porcelana. Annie, buenas noches. Cierra tus ojos y vete a dormir.
Calma esas heridas, con el tiempo lo entenderás.
Buenas noches, mi pequeña bailarina.
Buenas noches mi soldadito de plomo.